Para cambiar no basta con querer hacerlo

He llegado a esta conclusión. No creo en la magia, ni en fuerzas extrañas. Somos nosotros mismos quienes realizamos nuestros propios cambios internos, pero no basta con querer aplicarlos. Ni leer ni decidir son suficientes.

A lo largo de los años me he dado cuenta de que, personalmente, las épocas en las que he experimentado más cambios positivos son aquellas en las que simplemente me los he tomado con plena naturalidad. Esto es, dejando que las ideas nuevas que me interesa y me liberan de ciertas cadenas “calen” en mi cerebro. Vivimos en un mundo inmediato y pretendemos que nuestra transformación también lo sea. No, no, y no.

Un ejemplo tonto: tras muchos años en las redes sociales normativas y una fuerte adicción, decidí abandonarlas por “privacidad” (no tanto por los datos que recopila GAFAM, ni por rastreadores, más bien por la gente que me conoce). Volví al poco tiempo.

Me volví a marchar, por segunda vez, por querer vivir un estilo de vida más consciente y minimalista. También por agobio. Volví a finales de este año (4 de noviembre 2020) y cerré la cuenta antes de fin de año.

Esta última vez, fue distinta. No fue un “voy a borrar mis redes porque X”. No me levanté inspirada y dije “se acabó”. No fue ningún “clic”, ni nada por el estilo como suelen explicar los gurús motivacionales.

Sinceramente, se me hizo un acto demasiado natural, como si actuara por mi una inercia interna no dominada por mi consciente. Ni siquiera me lo pensé demasiado. Simplemente lo hice. Pero no lo hice porque quisiera, si no porque mi cerebro realmente había procesado toda la información leída y mis juicios personales al respecto.

Debemos ser gentiles y darnos tiempo para transformar nuestras vidas.