Violín

Teresa volvía del trabajo, era tarde, pero es que tenía que entregar un programa a sus superiores y las últimas pruebas habían dado muchos errores. Se tuvo que quedar para arreglar lo que los desarrolladores a su cargo no habían sabido hacer. Por más que les exigía y presionaba no conseguía sacar nada de ellos. Y si quería llevarse la gratificación tenía que tener listo algo para mañana. Después de las broncas correspondientes los había tenido trabajando más allá de su horario laboral y unas cuantas horas después consiguuió que funcionase. Cuando le dieran el dinero extra por su trabajo se iría unas semanas al Caribe, sola, mientras el equipo que tenía a su cargo empezaba el siguiente proyecto. La gratificación era solo para ella que era la que se esforzaba en hacer bien el trabajo, al volver ya se encargaría de despedir a unos cuantos para que supiesen que si no se le hace caso hay consecuencias. Hacía frío, el invierno había entrado con fuerza. aceleró el paso para llegar a casa antes. Se paró en un semáforo y mientras esperaba a que se pusiera en verde al otro lado se fijó en un niño que miraba un escaparate.

Ese chiquillo apenas tendría seis años, ¿qué hacía a estas horas y con este frío? pensaba Teresa ¿No debería estar en casa acabando los deberes? vaya padres más irresponsables. Bueno, otro vago más a la sociedad que se añade. Al cruzar se fijó en que tenía la ropa hecha jirones, se acercó a él, Lo vio pegado al cristal de la tienda que se dedicaba a vender instrumentos de música. El niño no quitaba los ojos de un pequeño violín de color blanco. Estaba situado en el centro sobre su estuche. Debía ser de buena calidad porque el precio rondaba casi la mitad de la bonificación que pensaba obtener, era una antigüedad. Chaval, creo que está fuera de tu alcance, mucho tendrás que trabajar en tu vída para aspirar a poder tenerlo. El niño suspiró, bajó la cabeza y se alejó hacía un callejón despacio. Cuando iba por la mitad oyo a Tesesa que le llamaba. Eh! niño, espera. Se acercó a él y le tendió el estuche, con el violín blanco dentro. Al crio se le iluminó la cara. ¿Es para mi?. Teresa asintió. Sí, a ver si haces algo útil con él. El niño la abrazó, cogió el estuche y se fue corriendo gritando gracias.

De nada, dijo Teresa casi susurrando y se volvió de nuevo al camino que llevaba a casa. Comenzó a nevar.