Tres veces cuatro

–. Tite, ¿ Qué hagoooo? Me aburroo. Juguemos a alguna cosa. Venga, vengaaaa.

Chris empujaba a su tio con su pequeño brazo que se encontraba tumbado en la cama intentando dormir la siesta. Los 35 grados centigrados de la pasada noche no habian dejado descansar a nadie y después de una mañana de duro trabajo en el ordenador central el cuerpo de Yanns no podía más.

–. Titeeee, vengaaaaa.

Chris llevaba toda la mañana sin salir de casa, la abuela decía que hacía demasiado calor para salir, así que no pudo jugar en el parque con sus amigues. Ya había jugado a las brujas y dragones con sus muñecos. Tambien había pasado un rato con el videojuego buscando gnomos espaciales por cada rincón de la casa. Además se había leído todos los comics de la estantería y aún no sabía leer lo suficiente como para leer los libros de les mayores. Ya había hecho de todo, y después de la comida no sabía que hacer más. No se le ocurría nada.

Cuando de repente su tío se presentó en casa de la abuela. Estaba salvade, seguro que con él jugaría a algo muy divertido.

Pero se tumbo en la cama, nada más llegar se tumbo en la cama.

La verdad es que ser mayor es un rollo, pensaba Chris. Se iba a sentar en el sofá para releer los cómics oootra vez cuando su cerebro decidió hacer algo diferente. Molestar a su tío hasta que jugará con él. Estrache ó esbache lo llamaban les adultes. Algo que hacían las personas indefensas para que les hicieran caso. Y él era une niñe y además indefenso. Así que la cosa estaba clara.

Yanns fingía que estaba dormido a ver si su sobrine se cansaba y se iba. Pero nada, insistía, insistía y volvía a insistir. Le recordaba a su antiguo maestro de matemáticas del cole cuando intentaba que memorizase las tablas de multiplicar. –. Venga Yanns, 3 por 4, repito 3 por 4. Yanns tenía muy mala memoria y nunca se acordaba, el maestro le zarandeaba. –. Tus compañeros ya saben hasta la tabla del 7, no me seas vago. vengaaa.

Que maestro más horrible, menos mal que acabaron sustituyendolo por otro. Si, esa sería una buena idea, cambiar a este biche que su hermana tenía por otro. Cuando su cerebro decidió hacer otra cosa.

Yanns se levantó tan rápido de la cama que Chris cayó de culo al suelo. –. Vamos a hacer una cosa. Dijo Yanns alzando la mano con un dedo levantado. –. Una cosa de maaagiaaa.

Esta última palabra la dijo bajando mucho la voz. A Chris se le abrieron los ojos de par en par. –. Veamos Chris, traete todas tus brujas y dragones. –. ¿Toodas? Son muchas, tite –. Todas. Afirmó con rotundidad Yanns.

Le pequeñe Chris corretó por toda la casa hasta su cuarto y con los brazos cogió todas. Esto va a molar esto va a molar. Se repetía en su cabeza.

La montaña de juguetes cubriendo a Chris volvió a la habitación de Chris.

Brooommm!!!

Chris las dejó caer. –. To...dasss. Dijo, con la respiración acelerada.

–. Muy bien, pues ahora escoge cuatro y haz un montón, ponlas en este cuadrado. Yanns señalaba al azulejo de la izquierda. Chris lo hizo, elegió a sus cuatro favoritas. Yaya, Tiffani, Anna, Mildred.

–. Muy bien, pues ahora repite esto dos veces más aquí y aquí. Chris hizo los montoncitos. Yann haciendo un recuento. –. Uhmm, así que tenemos tres montones, y cada montón tiene cuatro brujas. Chris se puso a contar señalando con el dedo. –. Una, dos, tres, cuatro. Una dos, tres, cuatro. Una, dos tres, cuatro. Si, tite. –. Aham, así que tenemos tres veces cuatro. Chris miró los montones, y en efecto, había tres montones con cuatro brujas cada uno.

–. ¿Y cuántas brujas hay entre todos los montones? Yanns se rascó la cabeza.

–. Dejame a mi, tite. Dejame.

Chris hace poco aprendió a contar hasta veibte. ¿Habría suficiente aquí o le faltarían números? Con la duda se puso a contarlos

–. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez...on..ce y...doooce. Hay doce, tite.

–. Así que doce. Interesante, interesante... Decia Yanns mientras se rascaba la barbilla. Miró a los montones, miró a su sobrine. Su sobrine le miró a él, miró a los montones, volvió a mirar a su tite. Tanto cambiar la mirada le iba a marear.

–. NO PUEDE SER VERDAD. Chris, rápido. Ahora has cuatro montones, pero de tre brujas solamente. Chris sorprendido por el grito dudó. –. Vamos. Es muy importante. El mundo de la magia depende de ello.

Chris, cogió a sus brujas e hizo cuatro montones de tres brujas de cada uno. –. Ya.

–. ¡ No puede ser, son iguales! Exclamaba Yanns sorprendido. Es maravilloso, es alta hechicería. Chris miraba a su tio y no entendía nada –. Pero no lo ves, pequeñeje? Chris miraba a los nuevos montones y seguoa sin comprender. ¿Por qué cuatro montones de tres brujas eran igual a tres montones de cuatro brujas?

–. Cuentalas. Le dijo Yanns –. A ver.

Y contó los cuatro montones con tres brujas –. Uno, dos,tres,cuatro,cinco,seis,siete,ocho,nueve,diez,onnnnnce y... No podía ser –. ... do...ce

Era increible. Había la misma cantidad que antes. Su tio parecía igual de sorprendido. –. ¿Cómo puede ser que tres veces cuatro sea la misma cantidad que cuatro veces el tres? Pero si son cosas diferentes.

Chris tampoco lo entendia.

–. Sobrine, creo que estamos a puuntoo de hallar uno de los hechizos perdidos del grimorio de Merlín. El conjuro de la propiedad commutativa.

–. Commmu..queeee??

Chris se liaba con las palabras nuevas. –. Commutativa. Tendremos que experimebtar con diferente montones y números de brujas. Nos llevará un buen rato.

–. Siii, vamos a hacer la cenciiiiaaa mágica.

A Chris le encataba jugar a esto.

Yanns, estaba cansado, molido, destrozado. Agitó el pelo de Chris y pensó –. Bueno ya dormiré luego.